El Akasha es una palabra sánscrita que significa «éter» o «espacio». En el esoterismo, se define como la biblioteca cósmica donde se almacena cada pensamiento, palabra y acción de cada ser que ha existido. Acceder a los Registros Akáshicos no es un don reservado para unos pocos elegidos, sino una facultad latente en el ADN espiritual de todos los seres humanos.

Para el tarotista y vidente, las cartas actúan a menudo como llaves de acceso a este campo de información cuántica. Cuando un lector «ve» el pasado o el futuro, está sintonizando su glándula pineal con la frecuencia vibratoria del Akasha del consultante.

Sin embargo, entrar en los registros requiere un estado de vacío mental (Sunyata). No se trata de adivinar, sino de «descargar» la información necesaria para la evolución del alma. El peligro reside en el ego del practicante; si el vidente intenta manipular la información para su beneficio o para alimentar el miedo del cliente, la conexión se enturbia. La verdadera clarividencia es un acto de servicio y una responsabilidad kármica profunda.

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