La magia no es «hacer trucos», es la ciencia y arte de causar cambios en la conciencia de acuerdo con la voluntad. Para el esoterista experto, un ritual es una herramienta para enfocar la mente y sintonizar con energías arquetípicas. La base de todo trabajo ritual es la Ley de Correspondencia.

Para realizar una operación de protección, no usamos cualquier material. Invocamos las energías de Marte o Saturno, utilizamos colores como el rojo o el negro, metales como el hierro o el plomo, y hierbas como la ruda o el sándalo. El ritualista no «pide» un favor a una entidad; él se convierte en el canal de esa energía a través de la vibración sonora (mantras o nombres sagrados) y la visualización creativa.

Es vital entender el concepto del Egregor. Cuando encendemos una vela con intención, nos conectamos con miles de años de práctica humana que han cargado ese acto de significado. La limpieza del espacio, la apertura del círculo y el destierro final son pasos técnicos que aseguran que el practicante no sea arrastrado por las corrientes astrales residuales. La disciplina y la pureza de intención son los únicos escudos reales contra la baja magia.

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